"Donde quiera que haya almas ahí estan los intereses del Sagrado Corazón de Jesús"
Nuestro instituto, bendecido por Dios y protegido desde sus inicios por Santa María de Gudalupe
ha realizado durante más de 100 años una fecunda labor en favor de niños y jóvenes. Nació
de la gran necesidad que existía en México a finales del siglo XIX de maestros y educadores
cristianos. Nuestro fundador, Don José Anastasio Díaz López, pensó la EDUCACIÓN
como un medio de moralización de los pueblos.
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La congregación de Hijas del Sagrado Corazón de Jesús y de Santa María de Guadalupe
se fundó en la Cuidad de Zacatecas, Zac., México, el 12 de octubrede 1895, por inspiración
del virtuoso sacerdote sacerdote diocesano Don José Anastasio Díaz López, después Canónigo
de la Santa Iglesia Catedral de esta ciudad. Fue aprobada de viva voz, antes de su fundación, el 28 de julio
por el Excmo. Sr. Obispo Dr. Don Fray Buanaventura Portillo y Tejada, O.F.M. Posteriormente, el 12 de junio de 1903
dio la aprobación por escrito el Excmo. Sr. Obispo Fray J. Guadalupe Alva y Franco, O.F.M. La aprobación
pontificia fue dada por su Santidad el Papa Juan XXIII el 12 de mayo de 1962.
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Cuatro fueron las primeras jóvenes que decidieron pertenecer al Instituto: Gullermita Calzada, Cristina Elías,
María del Refugio Lozano y Dionisia Guadiana, quienes continuaron con el trabajo que ya tenían en las escuelas
del Señor Díaz, a quien secundaban en sus proyectos y ayudaban con verdadero celo y entusiasmo en la tarea
educativa por él iniciada.
Por nuestro carisma estamos llamadas a identificarnos con Cristo en el misterio de su Corazón misericordioso, por el
conocimiento, amor, gloria y reparación. Nuestra misión es extender el reinado del Corazón de Cristo
mediante la oración, la educación, el sacrificio y el testimonio de nuestra vida consagrada en los campos escolar,
catequístico y misional.
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Tenemos como titulares al Sagrado Corazón de Jesús y a la Santísima Virgen de Guadalupe y com patronos del
señor San José, a los Santos ángeles, a Santa Margarita María Alacoque, a San Juan Bosco y a Santa Teresita
del Niño Jesús.
Los designios divinos son sorprendentes. El señor permitió durate los años de 1914 a 1932, hubiese una terrible
persecución religiosa en México, la Congregación dedicada a la educación fue persegida y sus bienes
confiscados, varias hermanas emigraron del Estado de Zacatecas a San Luis Potosí y después a los Estados Unidos;
el gobierno consideraba su actividad educativa nociva para la juventu. Varias de las obras congregacionales recién
fundadas, con excepció de las comunidades de Rio Verde y Tampico fueron clausuradas, pero esta tremenda tempestad
produjo resultados positivos por la entrega sacrificada y victimal que atrajo hacia el Instituto refuerzos de personal y la
apertura a la fundació de nuevas obras en diferentes Diócesis.
"Nuestro Fundador, adelantándonse a los tiempos, expresó que veía a su naciente Instituto esparcido por
diversas partes del mundo haciendo el bien".
Actualmente la Congregación presta sus servicios en 11 Estados de la República Mexicana, compartiendo su experiencia
pedagógica, su misión y espiritualidad, con el apoyo de maestros laicos que participan de su inspiración y
estilo educativo. El número aproximado de alumnos que atiende la Congregación es de 12,350 en las secciones de
Preescolar, Primaria, Secundaria, Academia Comercial y Prepratoria. Al inicio de este tercer milenio las Hermanas HSCMG que
laboran en la misión educativa son 255 y 710 maestros laicos.
Antes de su muerte, el Padre Tachito había hecho una verdadera profesía: "En el cielo les seré más útil". Y, en efecto su solicitud de padre ha velado desde el cielo por el Instituto: contagiado de tifo, murió a los 47 años de edad y a los 10 años de fundada la Congregación. Aún cuando su presencia física en el Instituto fue breve, su espíritu sigue sembrando la semilla de Dios en el mundo, pues la Congregación se va consolidando; las HSCMG nos consideramos portadoras y continuadoras del carisma que Dios regaló a la Iglesia en nuestro Fundador Don José Anastasio Díaz López, para bien de la niñez y juventud, encontramos así nuestra plena realización en la Iglesia.